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Opinión

Una anécdota en Madeira

Madeira es una isla portuguesa preciosa, capital del Archipiélago del mismo nombre (junto a las islas de Porto Santo y las Desertas), sitiada a solo 400 kilómetros al norte de Tenerife, que he visitado varias veces

· 2 min de lectura

04.06.2019 | Opinión

Por: Paco Pérez

pacopego@hotmail.com

Madeira es una isla portuguesa preciosa, capital del Archipiélago del mismo nombre (junto a las islas de Porto Santo y las Desertas), sitiada a solo 400 kilómetros al norte de Tenerife, que he visitado varias veces.

De similar extensión que La Palma es tan verde, o más, que la isla bonita, muy abrupta y con unos acantilados gigantes y escasas playas, con un clima más templado y oceánico que el nuestro, donde el turismo no es masivo, aunque cuenta con importantes y buenos hoteles en las cercanías de su capital, Funchal.

En mi primera visita a Madeira me alojé en el lujoso Carlton, pero por curiosear una tarde me fui a ver el Reid's, de mayor categoría aún, enclavado en una ladera cercana a la orilla del mar, desde donde se pueden contemplar unas magníficas vistas del puerto y de la capital insular.

Al llegar al hotel, en la misma puerta principal, un uniformado conserje nos impidió el paso a la chica que me acompañaba y a mí, porque nos indicó, en inglés, que vestidos como íbamos no podíamos acceder al establecimiento. Le dije que éramos turistas "canarianos" (los portugueses nos llaman así) y que íbamos decentemente vestidos. De forma amable y cortés me contestó que él no lo dudaba, pero que era norma de la casa no admitir a visitantes con "jeans" (pantalones vaqueros).

Ante la respuesta del empleado, regresamos al Carlton y le propuse a mi acompañante que nos vistiéramos elegantemente, y nos presentamos de nuevo en el Reid's, yo con traje y chaqueta y corbata y ella con un elegante vestido estampado y zapatos a juego. Aquel hombre nos recibió entonces con una sonrisa de lado a lado de la cara. Siempre me quedó la duda si aquel conserje, ya entradito en años que peinaba canas, llegó a reconocernos. Tampoco me atreví a preguntárselo.

Esta es la anécdota que quería comentarles hoy, porque una persona no vale más o menos porque vaya vestido de manera elegante o informal. Pues eso.