Viernes, 30 octubre 2026 · La actualidad de las ocho islas
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Qué son los Finaos

La noche del 31 de octubre, antes de que Halloween llegara a las islas, en Canarias ya se trasnochaba. Se llamaba —y se sigue llamando— la noche de los Finaos: la víspera de Todos los Santos, cuando las familias se juntaban a comer castañas, beber vino y contar historias de los que ya no estaban. No era una noche triste. Era, sobre todo, una noche de memoria y de compañía.

Qué son los Finaos

«Finaos» viene de «finados»: los que llegaron al fin de su vida. La fiesta ocupa las noches del 31 de octubre al 2 de noviembre, entre el Día de Todos los Santos y el de los Fieles Difuntos, y su momento central es la víspera, cuando la casa se llenaba de gente y la noche se alargaba hasta la madrugada.

Lo que se hacía era sencillo y por eso ha aguantado: la familia se reunía al calor de la lumbre, salían las castañas y los frutos secos, alguien sacaba el timple y la guitarra, y entre copla y copla se hablaba de los muertos de la casa. La mujer mayor de la familia solía llevar el peso del relato: quién era cada uno, qué hizo, de qué se reía. A los niños les llegaban así los nombres y las historias de gente a la que no habían conocido.

Tiene raíz doble, pagana y cristiana. Por un lado entronca con las misas de ánimas y las cofradías; por otro, con esa costumbre tan vieja de marcar el final del otoño cuando se recoge la cosecha y empieza el frío. El magosto gallego, el Samhain celta y la propia noche de los Finaos ocupan el mismo hueco del calendario y comparten los mismos ingredientes: fuego, castañas y muertos.

Qué se come y qué se bebe

La mesa de los Finaos es la del otoño canario, sin más:

  • Castañas asadas, que son el centro de todo. Es su temporada, y en las medianías el olor a castaña asada es el olor de estos días.
  • Nueces, almendras e higos pasados, lo que se había secado y guardado durante el verano.
  • Dulces de casa: frangollo, pelotas de gofio, queso de almendras.
  • Para beber: vino del país, mistelas, anís, licores caseros y ron miel.

No había receta de fiesta ni plato especial: se ponía en la mesa lo que daba la tierra en esa semana. Esa es justamente la gracia.

«¿Hay santos?»: los niños, la talega y el truco o trato

Aquí está el detalle que más sorprende a quien lo oye por primera vez. Antes de que nadie en Canarias supiera lo que era el trick or treat, los niños de las islas salían la víspera de Todos los Santos con una talega al hombro, tocaban en las casas del pueblo y preguntaban: «¿hay santos?». Y les daban castañas, nueces, higos pasados, almendras.

Es decir: la misma escena, en el mismo día del calendario, con la misma edad de los protagonistas y el mismo intercambio. Lo que cambia es el disfraz y el envoltorio. En Tenerife, San Juan de La Rambla mantiene viva esa costumbre bajo el nombre de Los Santitos y el Pan por Dios.

También en Tenerife se conserva memoria de otra práctica más íntima: encender en casa una bandeja con aceite y tantas mechas como difuntos tuviera la familia, y leer en cómo ardía cada una el estado del alma a la que representaba. Se ha documentado en La Victoria, El Sauzal y Barranco Hondo, en Candelaria.

Los ranchos de ánimas

Si hay algo que convierte estos días en patrimonio y no solo en costumbre, son los ranchos de ánimas. Son agrupaciones nacidas en el siglo XVII al amparo de las cofradías de las parroquias, que salían a cantar por las almas de los difuntos y recogían donativos —higos pasados, vino, trigo, castañas— para costear las misas.

Su sonido no se parece a nada: la percusión lleva espadas, triángulo, tamborcillo, pandero y castañuelas, y encima van la guitarra y el timple. El de La Aldea suma además la flauta de caña. El resultado es cadencioso y repetitivo, hecho para durar horas, muy lejos de la parranda alegre con la que a veces se confunde.

De todos los que hubo en el archipiélago, hoy sobreviven tres, los tres en Gran Canaria: Valsequillo, La Aldea de San Nicolás y Arbejales, en Teror. Los tres fueron declarados Bien de Interés Cultural inmaterial, con publicación en el Boletín Oficial de Canarias el 3 de marzo de 2025.

Finaos y Halloween, sin guerra

Cada año vuelve el mismo debate, y conviene bajarle el tono. Los Finaos no desaparecieron porque llegara Halloween: se fueron apagando antes, cuando la gente dejó el campo, las casas se quedaron sin lumbre y las familias se hicieron más pequeñas. Halloween llenó un hueco que ya estaba vacío.

Y las dos fiestas no son enemigas: son primas. Las dos nacen del mismo punto del calendario, las dos mezclan a los vivos con los muertos, y en las dos hay niños pidiendo comida de puerta en puerta. Quien le reprocha a Halloween ser una importación suele no saber que aquí los niños ya preguntaban «¿hay santos?» con su talega.

Lo que sí tiene sentido es que, si esa noche vas a celebrar algo, sepas que aquí ya había una fiesta propia, con su nombre, su comida y su música. Y que las dos caben.