Opinión

Llevamos ya más de un año, recibiendo cotidianamente noticias negativas, en algunos casos, especialmente dramáticas, acompañadas de mucho dolor

 

12.07.2021 | Redacción | Opinión

Por: Óscar Izquierdo

Presidente de FEPECO

Llevamos ya más de un año, recibiendo cotidianamente noticias negativas, en algunos casos, especialmente dramáticas, acompañadas de mucho dolor. Son momentos difíciles, desde todos los puntos de vista, personal, empresarial y del conjunto de la sociedad. Se está poniendo a prueba la capacidad de aguante, es como se suele decir, “un sin vivir”, pero realmente viviéndolo. Una crisis sanitaria global, que ha trastocado nuestro modo de vida y aunque ya hace muchos meses, nos aseguraron desde el Gobierno de España, que estábamos en la nueva normalidad, que parecía, así como el paraíso terrenal, lo cierto es que seguimos igual o peor que antes. La pandemia no da tregua alguna y parece ser que entramos en la quinta ola. No hay manera de atajarla con seguridad y todo indica, que los remedios que se han puesto no son suficientes para controlarla. Eso conlleva que se agudice la crisis económica, porque el sector turístico, no termina de arrancar con la fuerza que todos deseamos con ansiedad. Por su importancia en el sistema productivo canario, su paralización o actividad a medio gas, tiene una influencia perniciosa sobre el resto de los sectores económicos, dependientes mayoritariamente de la llegada suficiente de turistas. Además, se ahonda en una problemática social mayúscula, donde aparece el desempleo, el hambre o la desesperación.

Esa es nuestra realidad, menos mal que la construcción está asumiendo el liderazgo económico y productivo en nuestra Comunidad Autónoma, manteniendo y creando de forma constante empleo y dinamizando las diversas actividades e insuflando importantes inversiones. Es todo un reto, asumido con responsabilidad y ganas. Si no fuera así, la catástrofe, en general, sería de dimensiones dantescas. No es una exageración, sino una aseveración empírica. Alguien tenía que tirar del carro y como siempre ha sucedido históricamente en todas las grandes crisis económicas, ha sido el sector constructivo el revulsivo eficaz, rápido y con garantías para salir adelante. Después ya llegarán tiempos, cuando la situación mejore, donde se producirá algún relevo, que siga empujando.

Con todo, también se producen buenas noticias, como es el ejemplar comportamiento del tejido empresarial, principalmente de las pymes, microempresas y autónomos, que han demostrado una capacidad de sufrimiento y además, de resistencia admirable, con impedimentos sanitarios, jurídicos, normativos de todo tipo, para ejercer la actividad correspondiente con la tranquilidad y orden que se requiere. Con mucho enfado, rabia que no ha podido ser contenida y que es perfectamente entendible, han superado o están haciéndolo, a base de un esfuerzo monumental, todos los impedimentos con que se encuentran diariamente o después de cada reunión, tanto del Gobierno Central o del Canario, que una semana dicen una cosa, a la siguiente la contraria, para volver al principio en la que continua. Pero los empresarios y empresarias continúan, porque tienen valor, unido a una valentía excepcional y por qué no decirlo, emocionante. Es verdad que muchas empresas se han quedado en el camino, lo intentaron por todos los medios, pero no pudieron. Se merecen un reconocimiento profundo, pero, sobre todo, el auxilio, no solo emocional, sino económico, por parte de las administraciones, para reintentar levantarse de nuevo. Porque, a pesar de las promesas y anuncios rimbombantes, no contaron con el apoyo suficiente de los responsables públicos, que se han pasado un año y medio, prometiendo el cielo, para después hacer sufrir el purgatorio en la cotidianidad. Hay muchos héroes en esta pandemia, se ha homenajeado, con mucha razón, a los sanitarios, a las fuerzas de seguridad y orden público, a todos los que han estado en el frente de batalla contra la COVID-19, pero también hay que sumar a los empresarios, especialmente a las empresas familiares, porque lo han dado todo y siguen emperrados en mantenerse de pie, con orgullo y dignidad.

Imagen de archivo: Óscar Izquierdo, presidente de FEPECO