Mis Retales

No sé en qué momento tus ojos se tropezarán con mis letras, ni si tus manos serán capaces de acariciar mis palabras con la misma intensidad con la que mis dedos dan forma a todo lo que necesito decirte en esta carta

09.09.2020 | Redacción | Relatos

Por: Magdalena Barreto González

No sé en qué momento tus ojos se tropezarán con mis letras, ni si tus manos serán capaces de acariciar mis palabras con la misma intensidad con la que mis dedos dan forma a todo lo que necesito decirte en esta carta.

En primer lugar, perdón por hacerlo con palabras mudas, por no dar la cara y enfrentarme a tu mirada, pero creo que si me viera a través de tus ojos, sería incapaz de emitir cualquier sonido. He guardado tantas ganas de hablarte con los míos que probablemente me quedaría muda.

Perdón por no darte la oportunidad de callarme con un beso, pero prefiero quedarme con la inquietud de no saber si lo harías a comprobar que quizás tus labios rehúyan de los míos.

Sé que cuando leas esto vas a pensar que he sido una farsante. Te costará entender por qué me alejo de todo lo que hemos creado a golpe de ilusión. Precisamente me alejo por eso, porque todo lo que hemos creado es una mera ilusión. Un monstruo que poco a poco nos ha ido devorando hasta dejarnos o, al menos a mi, casi sin aire. Una tragicomedia en el teatro de la vida para la que ya debe caer el telón con un "gracias por venir".

Me marcho de tu vida porque en el fondo los dos sabemos que no encontré mi lugar en ella. No quiero seguir alimentando falsas esperanzas, ni las tuyas ni las mías.

No he sido capaz de frenar a tiempo porque sin darme cuenta te convertiste en mi atracción favorita. Mi montaña rusa de emociones donde soltar mi adrenalina y recomponer los pedazos rotos. Por momentos me sentía en lo más alto, contemplando la vida desde arriba y en otras muchas ocasiones, sintiendo que el mundo se me caía encima.

No quiero despedirme con un adios, sólo tomar distancia de tu vida que durante algún tiempo ha sido también la mía. Necesito reconciliarme con mi ego y recuperar la amistad conmigo misma. 

A lo mejor cuando aprenda a quererme, a entenderme y sobre todo a perdonarme, estaré lista para emprender un nuevo viaje; quizás contigo, quizás con otro, quizás con nadie.