Mis Retales

Basta de seguir creyendo que la culpa siempre es tuya

01.11.2020 | Redacción | Relatos

Por: Magdalena Barreto González

Basta de seguir creyendo que la culpa siempre es tuya. Basta de asumir los errores de otros como propios y de sufrir por angustias ajenas. Es el momento de aflojar las cuerdas que desde hace años oprimen los pliegues de tu alma y amordazan la libertad emocional que tanto anhelas. Llevas demasiado tiempo paralizada por el miedo que te ancla los pies en un pantano de desconcierto y frustración. Esta no es la vida que querías aunque sabes que en la otra orilla quizás acechan otros peligros, otras fieras, pero debes correr el riesgo de descubrirlo. 

Tienes que luchar contra tus miedos y fantasmas para cruzar al otro lado. Si te fallan las fuerzas déjate llevar por la corriente aunque parezca agua mansa. No te asustes si el bosque se torna tan frondoso que pierdes de vista el embarcadero, antes o después encontrarás tierra firme para tus pasos.

Despierta de esa somnolencia que adormece tus  metas y las hace parecer lejanas, incluso inalcanzables. Basta ya de permitir que sean otros quienes condicionen tus decisiones y proyectos. No permitas que nadie determine tus tiempos. El tiempo pasado como el tiempo perdido no es recuperable, ni transferible. No se puede recuperar, ni vender ni comprar.  

Nunca serás tan joven como ahora, ni tan feliz o infeliz como ahora, ni tan fuerte ni tan débil como ahora. Serás simplemente diferente  porque el tiempo siempre hace los deberes y nos transforma, pone cada cosa y a cada persona en el lugar que corresponde. Cuando olvides que todo pasa, piensa en la mariposa que, después de creer que muere, victoriosa despliega sus alas.

Vivir es cuestión de sentir que morimos cada día un poco menos, aunque la vida no deje de ser el recorrido que nos acerca a la muerte. Así que ya basta, ya es hora de vivir tu tiempo como quieras, sacando de tu vida todo aquello que oprime tu libertad de ser quien quieres ser, pero sobre todo, de todo lo que secuestra a la persona que en realidad eres. No la que fuiste ni la que serás,  sino en la que grita silenciosamente "déjame salir, déjame ser...déjame vivir".