Cultura

Corrían como locos a la cita y, ninguno de los dos reparó en los nubarrones que se avecinaban

 

17.07.2021 | Redacción | Relato

Por: Isa Hernández

Corrían como locos a la cita y, ninguno de los dos reparó en los nubarrones que se avecinaban. El aguacero parecía el diluvio universal, pero sus deseos eran ansiosos, efusivos y alborotados; no les importaba calarse hasta los huesos como si el agua no fuera con ellos. Hacía tiempo se habían alejado por necesidad involuntaria, cambios de destino, permutas en el trabajo de sus progenitores. No tenían la edad permitida para juntar sus vidas, pero se prometieron amarse y esperarse pese a estar en mundos sociales disímiles. Sus familias hicieron lo posible por saldar su historia, pero no solo no lo lograron, sino que la afianzaron con más intensidad.

Alma y Pedro lucharon contra todos los trances a fin de poder juntarse. Necesitaban crear un núcleo tan fuerte como el diamante, que los uniera hasta la eternidad. Sus mentes estaban conectadas y sus pensamientos mimaban sus corazones que latían al unísono mientras cimentaban las fórmulas mágicas para la unión. Cuando lograron determinar su encuentro, derrocharon su amor a borbotones, y emergió de nuevo el júbilo, la ilusión y la certeza. Nadie los volvería a separar. No se apercibieron de la lluvia que los cercaba, que se diluía con las lágrimas que rodaban por sus mejillas, y empapados se abrazaron con pasión en medio de la nada.

Imagen de archivo: Isa Hernández