Cultura

Sentada en el banco verde pino de la estación sur de París, mientras esperaba mi tren, advertí que estaba más vacía que otros días, lo noté por el silencio y la tranquilidad con la que seguí con la lectura de mi libro

 

05.12.2021 | Redacción | Relato

Por: Isa Hernández

Sentada en el banco verde pino de la estación sur de París, mientras esperaba mi tren, advertí que estaba más vacía que otros días, lo noté por el silencio y la tranquilidad con la que seguí con la lectura de mi libro. El sonido de la llegada del tren me levantó, entré al vagón y, también me sentí extraña por la poca gente del compartimiento. Lo más raro fue que al mirar por el cristal de la ventana me vi reflejada, pero movía los brazos atusándome la melena y la imagen no se movía, no hacía los movimientos que yo hacía. Pensé que sería por los reflejos de la luz pálida del compartimiento. Miré por los demás asientos del vagón y solo vi sentada a una chica de unos treinta años, como de mi edad, la observé porque iba vestida igual que yo, con los vaqueros rotos por las rodillas, unas zapatillas con cordoneras color rosa, sin calcetines, y una camiseta rosa de manga por el codo. Me pareció inusual que alguien vistiera con la misma ropa, igual a ti, y pensé que pudiera ser mera casualidad, nunca había percibido nada similar, puede que no me hubiera fijado antes en estas cosas, pero cuando la miré a la cara casi me caigo del asiento, tenía la misma melena azabache lisa hasta los hombros, los mismos ojos color miel que me miraban muy abiertos como si estuvieran viendo a un fantasma, la boca rosa pintada con carmín de brillo y el mismo lunar en la cara en el lado izquierdo. Era idéntica a mí. No podía ser, me pellizcaba a ver si estaba soñando, intenté levantarme a tocarla, pero no pude moverme, ni hablarle; me quedé paralizada. En la siguiente parada se bajó del tren. Permanecí con la mirada fija en el asiento vacío, absorta por lo que acababa de vivir. Me bajé del tren embelesada como si todo hubiera sido un pensamiento. Cada día pienso en ella y, la busco en el vagón del tren.

Imagen de archivo: Isa Hernández