Cultura

Partiendo de la plaza Mayor, en sentido norte, nos encontramos con la calle de Nava y Grimón, popularmente conocida como calle del Agua, ya que en tiempos pasados transcurría por el centro de esta vía una canaleta

 

05.09.2021 | Redacción | Reportaje

Por: Paco Pérez

pacopego@hotmail.com

Partiendo de la plaza Mayor, en sentido norte, nos encontramos con la calle de Nava y Grimón, popularmente conocida como calle del Agua, ya que en tiempos pasados transcurría por el centro de esta vía una canaleta, que servía para traer el agua “desde la Sierra del Obispo hasta la plaza de San Miguel de los Ángeles”, según indica en una de sus obras la profesora e investigadora histórica Manuela de Armas, quien añade que a mediados del siglo XVI “existenaguadoras o vendedoras de agua por las calles de la ciudad, pero se aprovechan de la situación y cobran bastante por un poco de agua que apenas da para nada."

La calle arranca en la plaza del Adelantado y finaliza, en la parte norte del casco lagunero, en la plaza de San Francisco, situada junto al Real Santuario del Cristo y al histórico Cuartel de Artillería. Esta vía se conoce también en alguna época pasada como “la calle real que va a San Miguel de las Victorias”, como se llama el convento de los religiosos franciscanos que custodiaron la imagen del Crucificado lagunero hasta finales del siglo XX.

En la calle del Agua se establecieron, desde los primeros años de la Conquista los conventos de las religiosas de clausura de Santa Catalina de Siena y Santa Clara de Asís, el primero en terrenos cedidos en la plaza de su nombre por el adelantado Fernández de Lugo y que ocupa una extensa manzana que da a dicho espacio público, al callejón de la Caza y a las calles de La Carrera – enfrente de las Casas Consistoriales—y del poeta Antonio de Viana; y el otro se extiende en otro amplio cuadrado urbano, delimitado por las calles del mencionado Viana, Anchieta (antigua Jardín), la propia del Agua y el callejón de León Huerta, conocido también como el “callejón de las Monjas”.

A diferencia de otras vías céntricas, no es la de Nava y Grimón una calle comercial en su sentido estricto, si bien posee algún establecimiento pequeño y un hotel de cuatro estrellas. De hecho, la acera oriental está ocupada por los dos citados conventos religiosos, el Palacio de Nava y el Casino de La Laguna, así como el Asilo de Ancianos, que regenta la congregación de monjas de los Desamparados.

En la acera del naciente se encuentra en la actualidad la Comisaría del Cuerpo Nacional de Policía, que ocupa una mansión que perteneció a la familia Hamilton, de origen inglés, que se estableció en Tenerife en el siglo XIX, y cuyos propietarios fueron consignatarios de buques de la Marina Mercante en el puerto de Santa Cruz de Tenerife, donde también poseían otra casona, situada en la calle de La Marina, ocupada por don Carlos R.J. Hamilton, el patriarca familiar.

En este mismo lado de la calle tiene su sede, desde 2019, el “Laguna Gran Hotel”, en un edificio que fue reformado, ampliado y acondicionado como establecimiento receptivo de huéspedes. Aquí se encontraba, durante buena parte del pasado siglo, la fábrica de tabacos “Don Álvaro”, famosa en medio mundo por la calidad de sus puros, que fue fundada por un industrial originario de la isla de La Palma que se llamó Álvaro González.

La familia Nava y Grimón

En la historia lagunera destaca por su importancia la familia Nava y Grimón, entre los que cabe mencionar a uno de sus miembros, Tomás, al que Carlos II le concedió el marquesado de Villanueva del Prado en 1666, siendo el primer caballero de Tenerife en recibir un título nobiliario. Nacido en 1615, se licenció en Derecho y fue regidor de la isla y teniente del capitán general del archipiélago y, de forma interina, gobernador, capitán general y superintendente de armas “acreditando su valor y patriotismo en defensa del territorio insular contra el inglés Blake”.

También cabe mencionar a su nieto Benito, tercer marqués de Villanueva del Prado, que fue rector del Colegio Mayor de Santa Cruz, en Valladolid, donde años antes había cursado Derecho; así como decano y gobernador del Supremo Consejo de Su Majestad hasta su muerte, acaecida en 1747.

Otro de los familiares fue Tomás de Nava y Grimón Porlier, primer director de la Real Sociedad de Amigos del País, creada en 1777, así como fundador de la famosa Tertulia de Nava, cuyos miembros se reunían periódicamente en la entonces mayor y principal población de nuestro archipiélago.

Finalmente es digno de mención Alonso de Nava-Grimón y Benítez de Lugo, sexto marqués que presidió la Junta Suprema de Canarias y que también perteneció, como vocal, a la Junta Suprema del Reino. Igualmente fue el comisionado regio en el establecimiento de la Universidad de San Fernando, que la dirigió en sus primeros años. Así mismo fundó el Jardín Botánico de Aclimatación de La Orotava (hoy ya en el Puerto de la Cruz), creado por Carlos IV en 1791 y que sostuvo económicamente el marqués con sus propios medios.

El nombre de la calle se debe a esta destacada figura en la historia de Canarias.

El convento de las Claras

Este edificio religioso, ubicado a mitad de la calle del Agua se llama, de forma oficial, convento o monasterio franciscano de Santa Clara de Asís y de San Juan Bautista (más conocido simplemente como el de las monjas claras) y fue fundado con el nombre de San Juan Bautista en el año 1547, como primer convento femenino que hubo en Canarias.

La inexistencia en el archipiélago de un convento femenino que acogiese a jóvenes que quisieran seguir la vida contemplativa, fue la razón que motivó la fundación de este espacio religioso, cuando apenas habían transcurrido unas décadas desde la incorporación de Canarias a la Corona de Castilla.

Por una disposición testamentaria de Alonso Fernández de Lugo, comendador de la Orden de Cristo de Portugal y pariente del adelantado, arribaron a Tenerife diez religiosas procedentes de los monasterios de Baeza y Sanlúcar de Barrameda, entre las cuales se encontraban al menos tres monjas naturales de Tenerife.

La celeridad de su llegada y la ausencia de un edificio apropiado para la clausura hizo que ocuparan en esta ciudad, el cercano convento de San Miguel de las Victorias (hoy Real Santuario del Santísimo Cristo de La Laguna), de frailes franciscanos, siguiendo así los deseos de su promotor.

Tuvieron que pasar treinta años antes de que esta comunidad encontrase su ubicación definitiva, gracias a un nuevo benefactor, Olalla Fonte del Castillo, quien deseando que tres de sus hijas ingresaran en la orden, ofreció sus casas para que se instalara en ellas la comunidad, a cambio de acogerlas entre sus novicias.

A partir de entonces, el crecimiento del convento solo se viofrenado por dos hechos dramáticos que pudieron truncar su devenir histórico, el incendio que sufrió el edificio a principios del verano de 1697 y la Desamortización de bienes del clero regular en 1836, pero la merma patrimonial que todo ello supuso no impidió la permanencia de las madres en la ciudad.

El convento fue declarado bien de interés cultural de Canarias (BIC), en la categoría de monumento. Tras la restauración acometida conjuntamente por el Ministerio de Fomento, Gobierno de Canarias, Cabildo Insular de Tenerife y la propia Comunidad, desde 2013 una parte importante del inmueble es un interesante museo de arte sacro.
 

Imagen: Calle del Agua, La Laguna | CEDIDA