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Cuando desde diferentes instancias escuchamos que estamos inmersos en la “ola pandémica” por el impacto de la COVID-19 en Salud Mental, hemos querido conversar con Isabel Aguilar, jurista, experta en Derecho y Gestión Sanitaria

 

10.07.2021 | Redacción | Entrevista 

Por: Paco Pérez

Cuando desde diferentes instancias escuchamos que estamos inmersos en la “ola pandémica” por el impacto de la COVID-19 en Salud Mental, hemos querido conversar con Isabel Aguilar, jurista, experta en Derecho y Gestión Sanitaria y presidenta de la Fundación Juana Reyes. Esta Fundación trabaja en el ámbito de la Salud Mental. Aguilar nos ha comentado que “la sociedad espera que parte los recursos del Plan de recuperación vayan a Salud Mental”. Asimismo, ha precisado que en España “un 6,4% de la población, desde el inicio de la pandemia hasta la actualidad, ha necesitado acudir a un profesional del campo de la salud mental”. A esto añadiría que, en el segmento de edad de los 18 a los 34 años “casi un 70% ha precisado acudir a un profesional de la psicología”.

¿Piensas que se ha hecho visible que el sistema de Salud Mental es un sistema infradotado o bien, el individuo ya no puede más y ya no esconde su sufrimiento?

La salud mental podríamos decir que ha tenido un déficit crónico en cuanto a financiación. El dato que te voy a dar, considero que habla por si solo, el 93% de los países según la Organización Mundial de la Salud (OMS), ha podido observar cómo la pandemia hacía estragos en los servicios de salud mental.

Hay que decir que la falta de contacto social, la dureza de conciliar la vida personal, nuestra vida en todas las facetas se vio paralizada y se nos ha hecho largo, esto unido, como ya he expuesto a esa infradotación, viene a hacernos reflexionar sobre la importancia de su cuidado (de la salud mental), pero también replantearnos las prioridades del sistema en el momento actual.

La COVID ha identificado los grupos vulnerables y al parecer también ha traído consecuencias en quienes han sufrido esta enfermedad

Es un factor de riesgo, quienes han superado la COVID presentan mayor riesgo de tener consecuencias en su salud mental. Hay que decir que una de cada cinco por primera vez ha detectado ansiedad, insomnio y también depresión.

También la pandemia tristemente nos trae datos de pensamientos suicidas, datos que ya no escondemos.

Estos actos que, sin duda, crean impacto, nos ha de llevar a reflexionar sobre el sufrimiento humano, sobre la necesidad de reducción del estigma hacia quienes tienen algún padecimiento de salud mental y a demandar como comunidad mejoras en este sentido y que, no se puede continuar con un déficit presupuestario de forma crónica.

Según estudios de la OMS se incrementaron entre un 8% y un 10% y, especialmente ascendió entre la población joven.

Somos, por tanto, conocedores de que la pandemia ha impactado en la salud mental de algunos segmentos de la población muy significativamente ¿hay algún dato en España?

Según el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) desde que dio comienzo la pandemia hasta la actualidad un 6,4% ha precisado acudir a algún profesional del campo de la salud mental. Se ha acudido mayoritariamente por ansiedad, cercano al 45% y un 35,5% por depresión.

Sin duda ha empeorado la salud mental de las capas sociales más bajas dentro de la dicotomía economía-salud.

¿Qué puedes decirnos de la población joven?

Si observamos el segmento de edad de los 18 a los 34 años, debemos indicar que, según el CIS, es la que ha acudido más a los servicios de salud mental. En ellos se ha hecho más visible los ataques de ansiedad, la tristeza y claro, han sido igualmente quienes han visto, significativamente su ritmo de vida transformada. En esta franja de edad casi un 70% ha precisado acudir a profesionales de la psicología.

Llegado a este punto ¿La Fundación Juana Reyes que propone, o bien, qué líneas estratégicas grosso modo ayudarían a paliar esta grave situación?

Sin lugar a dudas reducir el estigma, tenemos que trabajar el estigma. Por supuesto, las principales líneas estratégicas deben dar una respuesta a los grupos que la COVID-19 ha significado como vulnerables: los menores y adolescentes con largo confinamiento; las mujeres; profesionales del sector salud; personas que han sufrido COVID; personas con padecimiento anterior de salud mental; grupos vulnerables al virus socialmente frágil; personas con patologías que se han visto afectadas; parados y colectivos con rentas anuales bajas.

Es necesario el uso de las soluciones digitales para la monotorización de estos grupos. Consideramos desde la Fundación que al enfermo de salud mental ha de darse un abordaje integral. Se podrá trabajar con estos grupos su prevención, entrenarlos para que sean proactivos y en su caso, la cronicidad. A la par se irá reduciendo el estigma.

Pero, ¿son recursos que, sin duda precisarán de una dotación económica?

En la Fundación somos optimistas y queremos pensar en el buen aprovechamiento de los recursos que provienen del Plan de Recuperación. Por tanto, una parte será para Salud Mental. Consideramos que es uno de los problemas más serios con los que se encuentra el ser humano, en ello conlleva su salud y desarrollo personal. A esto se añade que, a nivel de conjunto, como ciudadanía, la misma, precisa una respuesta por parte de las Instituciones porque tiene opinión. La sociedad civil tiene opinión y espera que parte de esos recursos financieros vayan a Salud Mental.

¿Estás segura de que las Instituciones escucharán a quienes trabajan por la salud mental? ¿escucharán estás propuestas?

Las Instituciones deben ser conscientes de que tras estos datos existe un importante sufrimiento humano y debe escuchar a quienes somos puente entre la sociedad civil y las instituciones. Nuestra Fundación no tendría razón de ser si no planteara soluciones y respuestas que demanda la sociedad civil.

Además, creo firmemente que, no sólo nos escuchará si no que también estará por el buen uso del destino de los fondos del Plan de recuperación. Ha de llegar a los más vulnerables y no se entendería lo contrario. No cuidar la salud mental en el punto que nos encontramos sería como no querer dignificar el sistema.

Imagen de archivo: Isabel Aguilar, presidenta de la Fundación Juana Reyes