08.02.2025 | Redacción | Opinión
Por: Rafael J. Lutzardo Hernández
El nuevo año 2025 comenzó con lluvias y frío, una estación que cumple su cometido por orden de la naturaleza. Mientras tanto, la vida sigue su curso normal. Bueno, eso de su curso normal tiene tela marinera, pues muchos son los países que intentan negociar la paz y erradicación de la pobreza con otros países considerados como potencias mundiales, tanto en sus economías, armamentos bélicos y manos de obras baratas y no especializadas, especialmente con menores de edad. Unas negociaciones de paz a través de los trueques. Bien sea por diamantes, oro y otras materias primas. El mundo ya no es el de antes, pues aunque ahora hayamos evolucionado con muchas cosas en la informática, Internet y la inteligencia artificial, me quedo con aquella ignorancia de mi época. De la misma manera, puedo reconocer que fui un niño criado con muchos sacrificios, sobre todo teniendo en cuenta que soy hijo de emigrantes canarios. Un padre, que resulto ser un aventurero, dejando a mi madre desamparada y sin una sola noticia de su recorrido por tierras latinas. Pese a todo ese conflicto migratorio por mejorar una vida mucho mejor, mis hermanos y yo salimos adelante, con pocos recursos económicos y donde la sociedad isleña era inocente de los avances tan grande que vendrían años mas tarde. Unas tecnologías que cambió el mundo en todas sus dimensiones, y donde muchos de nosotros tuvimos que reciclarnos para poder mantener un puesto de trabajo o para acceder a el.
Es por ello, que en este comienzo de siglo XXI, el avance de las nuevas tecnologías propicien más guerras y conflictos bélicos; donde la paz universal se vez cada día más complicada. Europa se prepara para una posible invasión rusa, cosa que no está muy lejos de la realidad. Por si fuera poco, el continente africano también se revela ante el abuso y explotación laboral de unas mafias corruptas que viven a costa de miles de inocente africanos que solo buscan una mejor vida. De la misma manera, Nepal, India y China, ese mundo asiático también viven soportando llevar a sus espaldas las castas más bajas y pobres. Demasiada pobreza para un mundo que cada vez se hace más difícil de vivir. Pobreza extrema avalada por un número mayor de personas y coches.